martes, 3 de noviembre de 2015

El vals de las olas





Una vez mas, aquella mañana Alfredo llamó a su amigo Juanjo para quedar y dar un paseo. Quedaron en el mismo lugar de siempre a las nueve y cuarto,  sabiendo ambos que  Alfredo no llegaría a la hora, pero esto ya lo tenían muy asumido los dos.

Fiel a su costumbre Juanjo estaba puntual en el lugar de cita y se dedicó a pasear, haciendo tiempo hasta que vio aparecer a Alfredo en su moto, demasiado pequeña para su tamaño. El retraso solo había sido de unos minutos y Juanjo,  asombrado pero con un poco de sorna, le felicitó por su puntualidad.

Se  acercaron al mar y fueron paseando por la orilla, como de costumbre quitándose la palabra uno a otro.

En días pasados había habido una fuerte marejada y el mar había arrastrado sus  desechos hasta el extremo de la playa, aunque en esos  momentos estaba bastante tranquilo, en parte debido al viento sur de los últimos días.

Las olas seguían los impulsos que el viento le había imprimido en alta mar, deslizándose suavemente por  la superficie, pareciendo que lo hacía al son de un vals interpretado por una gran orquesta meteorológica.

Ante el espectáculo del mecerse de olas, del sonido de su rompiente  en la orilla,  Alfredo estaba extasiado y quizá bastante mas sensible que lo habitual, pues a ello  se sumaba la maravillosa luz que envolvía el espectáculo. Trató de comunicárselo a su amigo quién con su prosaico carácter, solo apercibía algunos retazos de la maravilla del espectáculo que les rodeaba.

Al poco rato los amigos ya estaban ensimismados en su eterna discusión sobre la naturaleza del ser y la filosofía de la vida.



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